martes, 25 de julio de 2017

La boluda Malquerida

Cerveza La Malquerida, la nueva genialidad de Adrià. 

Y colará, claro que colará. 

Parte I
Durante los días que duró, fue el tema de conversación predilecto en la tienda y el bar.
Entraba alguien, me sostenía la mirada pilla a la manera de los cómplices en amores furtivos, uno de los dos soltaba alguna parida sobre el ‘lúpulo de malta’ y empezaba la coña.

Recorte de prensa: 'y, por supuesto', lúpulo de malta.
La Malquerida lleva mucho lúpulo de malta,
faltaría más...
Pese a que un concurso de memes en una red social me ha parecido una fórmula cojonuda para difundir ideas y remover conciencias por la capacidad comunicativa de estas cápsulas de imagen y humor, y aunque me he reído muchísimo, he compartido, he tuiteado, he instagrameado, he palmoteado y he carcajeado muchas de las ocurrencias ajenas, y pese a que ahora, contemplado con perspectiva, me hace sonreír, seguramente no repetiré.
El concurso fue un éxito por cómo se gestó: improvisado, oportunista, coyuntural y ajeno a toda estrategia comercial. 

Confieso que me vi abocada, y esa fue precisamente la gracia.


Sucedió más o menos así:
Alguien me pasa un link a una noticia:
Damm y Ferran Adrià presentan una nueva cerveza gastronómica, alejada de sus estándares habituales, una cerveza novedosa, rompedora, original, creativa. El hito es el resultado de todo un año de durísimo trabajo de I+D probando combinaciones de ingredientes, aunque llevan con el proyecto desde 2013. 


Puede parecer que sí, pero no: Damm no arriesga nunca. Damm paga bien y ha vuelto a parapetarse con una estrella de los pucheros mediática y genial.

Esta vez la cerveza es, además de gastronómica, misionera: está llamada a redimir al mundo latinoamericano.
‘La cerveza que necesitaba la gastronomía latina’, así de modesta es la empresa.
De nombre, La Malquerida.

La noticia desprende tufillo.

Latinoamérica abarca más de 20 millones de kilómetros cuadrados, un mínimo de 20 países, más de 600 millones de habitantes, todos los climas del planeta y culturas y gastronomías tan dispares como Islandia y Cádiz. Pero el equipo de El Bulli y los maestros cerveceros de Damm (solo los masculinos, las Maestras Cerveceras no aparecen) no se arredran ante las dificultades. 
Doble malta, triple lúpulo, diez lúpulos... enredar y marranear.
Doble malta, triple lúpulo, diez lúpulos...
Total, es cerveza, nadie va a preguntar...
La Malquerida podrá con todo!!

Me imagino a todos los ‘latinos’, desde el norte de México hasta Tierra de Fuego, territorios insulares incluidos, en una ceremonia de agradecimiento a Damm, como antiguos Incas venerando al Dios Sol, por librarles del yugo de comer con agua o, peor, con Heineken.

Porque, claro, hasta ahora no existía ninguna cerveza capaz de acompañar dignamente un plato picante o agrio. 

A la cerveza en cuestión le echan flor de hibisco (que llaman flor de Jamaica porque queda más cool y más latino), naranja y un puñao de maíz que le aporta un ‘toque’ indeterminado*… vamos, el remate de la creatividad.
Entre que la cerveza les sale coloradita y que fabricar no les basta, porque de tan geniales que son, no pueden dejar de crear, aprovechan para inventar un estilo, el estilo Roja Fresca. O sea, la hostia.

El caso es que la noticia, que no es tal, se nota a leguas que es publicidad redaccional, aparece en varios medios online y offline, variando aquí y allá dos comas y tres puntos por guardar las apariencias.
El texto, en términos cerveceros, es una antología de despropósitos que no voy a analizar ahora, y un florilegio de lisonjas diseñado por el departamento de comunicación de Damm.

Y aquí empieza lo bueno:
El link que me pasan va a la edición online de La Vanguardia, y hay una gambada guapa: La Malquerida lleva lúpulo de malta.
‘Lúpulo de malta’, sí.

Y la lío, claro. Y se lía.

Alguien suelta una parida, otro responde con un meme (concretamente es Andrés, de As), y con otro meme, y otro meme más, y otro… y te lías y te lías y a un ‘a que monto un concurso de memes!’, alguien responde con un ‘a que no hay huevos!!’, que replicas con un ‘¿que noooo????’ que lleva a un ‘Y lo que nos vamos a reír!’, y la lías y empiezan a aparecer patrocinadores y más patrocinadores y memes y más memes, y el premio crece y memes y más memes, y pim, pam, pim, pam… aquí estamos, 300 memes, 25 patrocinadores, más de 200 cervezas en premios, miles de Me Gusta después.

El concurso llegó a muchos rincones cerveceros del país y, por descontado, no fue recibido en todos de igual forma.
La inmensa mayoría de quienes siguieron el concurso, su génesis, desarrollo y conclusión, lo ha aplaudido: oportuno, proporcionado, bastante bien conducido y, sobre todo, divertido.
Yo coincido casi completamente y añado reivindicativo y didáctico.

Pero se me reprochan al menos 4 cosas:
Estoy segura de que Ferran Adrià no se habrá sentido ofendido por nuestros memes. La pastuki es muy zen.
Pues eso, tralaráaaa.
-Que si nos hemos burlado de un genio del que los catalanes deberíamos sentirnos orgullosos.
-Que si hemos hecho sangre del error de una pobre becaria y puede que pierda el trabajo por nuestra culpa.
-Que si los artesanos hacen eso constantemente, lo de inventarse estilos.
-Que si así le hacemos publicidad a Damm y a su cerveza, y ayudamos a que la vendan.

Hubo alguna reprimenda más, y alguna otra expresada con menos elegancia y ánimo constructivo, aunque todas vendrían a redundar sobre lo ya expuesto.

Ahora que tengo más tiempo, me pongo a pensar sobre ello, aunque no me lea nadie.

Para responder al primero, debería manejarme bien con conceptos y términos propios del chovinismo, y no es el caso porque es un valor que no comparto; también necesitaría tener claro qué es ser un genio, y tampoco es el caso.

Al segundo: uno de los riesgos del oficio de comunicador es que sus errores adquieren dimensiones populares porque son públicos, y a él se exponen cada día muchos profesionales de muy distintas disciplinas.
Los cirujanos se exponen a que se les muera un paciente; los pilotos aéreos, a estamparse con 200 personas; los porteros de fútbol, a perder una final ante millones de personas… unos cometen errores un día y otros los cometen otro.
Qué más da, si solo es lúpulo...
Rajoy no pinta nada en todo este asunto,
pero el famoso jardín de 'cuanto mejor, peor'
era muy reciente y fue protagonista de varios memes.
Yo los cometo todos los días, sin faltar ni uno, y mis errores tienen las consecuencias propias de mi ámbito: una mala crítica en las redes y blogs especializados, una reclamación, una denuncia, una multa del Ajuntament, de Hacienda, de Sanidad…
Por otro lado, estoy segura de que a La Vanguardia y a Damm les chupa un huevo todo este tema.

Al tercero: Cierto, los 'artesanos' se inventan estilos cada día; pero es que es cierto, los inventan. No le cambian el nombre porque sí a un estilo que existe, y si lo hacen, es por ajustarse mejor a las particularidades de su cerveza. 

Al cuarto: Si a causa del concurso se vende una sola La Malquerida, me daré por muy satisfecha: hemos despertado la curiosidad por la cerveza de alguien que hoy compra La Malquerida y mañana comprará una artesana, y pasado se reirá del ‘lúpulo de malta’, del ‘toque del maíz’, de la ‘cerveza gastronómica’ y de Adrià.


Parte II
En realidad, todo este rollo sobre el concurso de memes es un mero pretexto para hablar de lo que realmente me molesta del asunto de La Malquerida. Si lo consigo, creo que no me quedaré muy lejos de explicar qué es lo que le molesta a todo el sector.
Ahí voy...

Adrià, Damm y compañía son piezas de un enorme artefacto cuyo único objetivo es mover gigantescas nubes de capital, o sea, forrarse. Eso lo tenemos claro todos, convivimos con ello, lo padecemos y no tenemos nada que objetar. 

Damm, consciente de que la modernez esa de la cerveza artesana y de autor no pasa de moda, y de que levantando infundios como que se elabora en condiciones insalubres sin controles sanitarios no impide que su consumo siga aumentando, decide subirse a la carroza, elabora una mierda cerveza novedosa y llama a Adrià para que la apadrine. Esto no es lo que sorprende, ya ni siquiera nos asquea; lo que sorprende, y mucho, al menos a mí, que soy un poco ingenua, es que Adrià va. 
Y va por segunda vez.
Inèdit, la primera cerveza con coupage, decían, porque mezclaban una wit (concretamente Blanche de Namur) con Estrella Damm, la metían en botellas de 75cl, le ponían dos moños, dos dorados y le subían el precio... 
En fin...

Al contrario de las craft, y siempre generalizando, el modelo de producto de Damm, es decir, el modelo de negocio de las ‘macro’, necesita un mercado de bebedores inconscientes y desinformados para funcionar. Por eso la mayoría de las campañas de Damm (y del resto de 'macros') van dirigidas a crear confusión, a desinformar, a marranear, a enredar… en lugar de destacar las virtudes propias de su producto, puesto que no las tiene ya que sólo se distingue de otros similares en la etiqueta.
(Es más, hace tiempo que sospecho, y no sin motivos, que alguna vez el contenido de la botella y la etiqueta no se corresponden. Pero dejemos a un lado mis delirios y volvamos a La Malquerida.) 

Damm no vende cerveza, vende valores asociados a un producto. Y eso es perfectamente legítimo, lo que pasa es que al llamarlo 'cerveza' entra en conflicto con lo que realmente es 'cerveza'. 
Sí, he dicho eso que crees que he dicho.
Sobre esta idea volveré en otro momento, porque me parece que es la clave para interpretar este asunto.
El lúpulo que lleva La Malquerida empieza por M.
Lúpulo empieza por M. Gracias, Israel. 

Valores... La Malquerida no es una 'cerveza' vulgar:
La Malquerida la han diseñado los hermanos Adrià, dos chef geniales, a la altura de otros genios catalanes como Dalí, Gaudí o Miró.

La Malquerida es revolucionaria. La Malquerida es tan revolucionaria, tanto, tanto, tanto, y tan original, tanto, tanto, que se han visto obligados a acuñar un estilo nuevo porque a los existentes se les rompían las costuras intentando alojarla. 

Además, La Malquerida nace con vocación de hito histórico, como la Inedit:
‘Inedit cambió la historia de la relación de la cerveza con los restaurantes gastronómicos’, ¡ahí es nada!, afirma Adrià sin rubor y se queda tan ancho.
Modesto el muchacho.

Y como el público para quien se han diseñado esos claim no entiende, ni quiere, de cerveza le dicen cosas como:

Que el maíz le aporta ‘un toque’ a la cerveza. 
El maíz no aporta nada positivo al aspecto organoléptico pero sí a la cuenta de resultados, ya que el maíz solo se utiliza porque es una fuente de azúcares fermentables más barata que la malta.

Que el colmo de la originalidad es echarle naranja e hibisco a una cerveza, dicen, ¡hasta han tenido que inventar un estilo! 
Hibisco, naranja, limón, trébol salvaje, chocolate, anís, fresas, canela, azafrán, coco, sidra, cardamomo, calabaza, vino, mosto de uva, regaliz, cilantro, almendra, pimienta, jengibre, manzana, laurel, aloe vera, pan, patata, tomillo, café, haba tonka, sal, cerezas... lo que quieras y más se viene echando a la cerveza desde hace siglos.

Que La Malquerida está diseñada para maridar la gastronomía latina, dicen.
Como si maridar significara comer y beber al mismo tiempo, y como si en latinolandia solo se comieran burritos picantes y ceviche.
Etc. Etc. Etc.
Total, si sólo es cerveza...

Todo esto forma parte de la estrategia de desinformación necesaria para abonar el terreno donde plantar su producto. 

Cuando me tocan la flor de Jamaica. 'Lúpulo de malta'
Algunos memes como este, totalmente fuera de lógica,
me hicieron reír un montón.
Del genial Gabba Faka.
Lo del ‘lúpulo de malta’ es lo de menos, es obvio que es un error sin la menor importancia, pero material fácil para un meme. 

Total, es cerveza y aquí la gente no entiende...

La cerveza es un producto gastronómico, lo es porque no sale de un árbol sino de la mente de un tipo, y porque no se consume por sus propiedades medicinales ni nutricionales sino por placer; y no es un invento moderno, ni siquiera la cerveza friqui es un invento moderno. 
Adrià no puede ser ajeno a toda la movida cervecera, porque un especialista de su categoría y reconocimiento, que se toma en serio su campo de trabajo, la Gastronomía, tiene la obligación moral y profesional de estar siempre al tanto y de investigar cualquier tendencia gastronómica. Por eso, la propia inquietud natural le habrá empujado, seguro, a acercarse a la cerveza, que es una tendencia gastronómica de enorme calado, no solo una moda... salvo que viva en una esfera burbuja. 

Diseñar una cerveza es muchísimo más complicado que mezclar ingredientes en un vaso y probar a ver si queda el cóctel queda rico. Y eso Adrià lo sabe. 


Meme sobre Susanika y el lúpulo de malta que me hizo sudar.
Uno me hizo sudar durante unos minutos, he de confesarlo.
Iba acompañado de la descripción borgeana
de una variedad de lúpulo llamado 'lúpulo de malta'. 
Lo que ha hecho Adrià no necesita un año de sesudas investigaciones y trabajo I+D con el equipo de sumillería de El Bulli y los Maestros Cerveceros de Damm. Un nombre, una tarde libre para las fotos de la puesta en escena y una cara tan dura como el mármol, bastan. Bueno, y un montón de ignorancia o de desprecio por la cerveza, que es un producto gastronómico tan digno con una tradición y una historia tan importantes como cualquier otro. 

¿Ignorancia o desprecio?

Creo que es Ferran Adrià quien debería revisar si no será él quien falta al respeto a todo un sector industrial, gastronómico y económico, a sus clientes, a sus admiradores, a un montón de profesionales quizá no tan geniales como él pero, desde luego, bastante más honestos, y, lo que es peor, si no se está faltando al respeto a sí mismo, a su trayectoria, a sus colegas y a su profesión cuando apadrina propuestas como Inédit o La Malquerida que él sabe, tiene que saberlo, son una patraña. 

Y eso es lo que me jode, exactamente esto: que marreneen, que cochineen, que sean tan cutres (qué palabro tan maravilloso!), que nos traten de gilipollas... 

Que estoy siendo un poco extremista y que me tomo las cosas con excesiva literalidad... Un poco. 
Sí. 
Es cierto. 
Porque estoy indignada.

En definitiva, yo a Adrià lo respeto, es él quien no me respeta a mí.



Don Vito de Verano es el nuevo vino con coupage que ha presentado hoy J. García Carrión junto a los hermanos Adrià. El proyecto nació en 2013, han sido 4 años de durísimo trabajo de I+D, probando y descartando ingredientes y combinaciones ‘que nos ha destrozado el hígado’, afirma uno de los responsables. Al final decidieron echarle un chorro de refresco de cola y zumo de naranja.
El nombre, don Vito, se debe a que rima con pito y eso les parecía muy gracioso. El De Verano se lo pusieron porque se concibió para beberse con preferencia en esa época del año y es una pista.
Don Vito de Verano es tan sumamente original que han tenido que inventarse un estilo nuevo: El Mejunje Colorao Helao, que es muy sensual.
Don Vito de Verano pretende ser un homenaje a Europa, ya que ha sido ideado para maridar con la gastronomía europea, como la española, la islandesa o la rusa. Aunque también puede ir bien con unos Nuggets de pollo con salsa barbacoa. En definitiva, Don Vito de Verano casa a la perfección con cualquier plato de comida o alimento que necesite combinar con un trago de algo o de bebida que ayude a limpiar la acidez o grasa de la comida, ideal para cuando la comida quema o se tiene sed. Chimpún.




Parte III
Ahora voy a exponer unos hechos de forma cronológica y desapasionada y cada uno que lo explique como quiera.

Créanme, hay lúpulo en malta...
y hemos ido a buscarlo para echarlo a La Malquerida.
Este es uno de los memes ganadores del concurso.
Su autor es Kamon IPA.
Tarde noche del… digamos, miércoles (no recuerdo exactamente el día): En el artículo de la edición online de La Vanguardia, según la periodista, alguno de los perpetradores ha dicho que la cerveza lleva ‘lúpulo de malta’. Nunca sabremos si fue un patinazo de los responsables de la cerveza o de la propia periodista.
El artículo acaba con un destacado bien grande que afirma eso mismo, que la cerveza lleva “lúpulo de malta”.
Empezamos a liarla con los memes y los comentarios y a compartir y retuitear sobre el ‘lúpulo de malta’ y la cerveza ‘roja sensual’. Somos un montón.
Decidimos organizar el concurso y empiezan a salir patrocinadores.

Miércoles por la mañana:
En la edición online han corregido el artículo y el lúpulo es ‘lúpulo’ a secas.
También han modificado el destacado del final del artículo.
Nos lamentamos mucho. El concurso parece perder su sentido, sin embargo, empiezan a circular capturas de pantalla del error que legitiman el concurso y seguimos ahí, colgando y compartiendo memes a lo loco.
Por la noche, vuelvo a la noticia y me encuentro nuevamente el ‘lúpulo de malta’, pero solo en el destacado, no en el artículo.

Es decir, ¿corrigen el error y vuelven a ponerlo horas más tarde, y además en el sitio más visible?

Llamadme malpensada.



(Por cierto, hace años que existe una cerveza La Mal Querida. Lo sé porque la he encontrado entre los primeros resultados de Google, así que seguro que ellos también lo saben.)