martes, 8 de agosto de 2017

Odio el fútbol pero no lo prohibiría.

Mi neura de hoy no tiene nada que ver con cerveza. Tiene que ver con un tema que a mí, en realidad, me afecta poco o nada, pero como soy testigo de la vida, me incumbe. 

Vaya por delante: 
No soy madre, y mucho tendrían que cambiar las cosas para que lo llegara a ser. 
Por suerte, tampoco me he visto nunca en la coyuntura de tener que oponerme a serlo. 

Nunca he sentido la llamada de la 'naturaleza'. La maternidad biológica para mí es un fenómeno muy inquietante, casi traumático y, por suerte, ajeno. Una putadita de Dios, hablando claro, lo mismo que la conciencia de la propia muerte, porque poner huevos o soltar esporas es menos sangriento. 

Creo que quien decide traer al mundo un humanito teniendo posibilidades de adoptar uno de los que ya están aquí, debería revisar su escala de prioridades y valores... para cambiarlas o no, eso ya es cosa suya, pero al menos enfrentarse a ellas durante un ratito.

Por mí, los críos, siempre más allá del cordón de seguridad... es decir, lejos, porque no me gustan. (Aunque admito que a veces se me anuda la boca del estómago cuando veo a mi sobri en vídeo o cuando Cachorro Humano me babea la cara, y se me escapa un suspirín.)

No entiendo a quien se frustra, desespera y se deprime porque no puede reproducirse. Recalco que he dicho que NO ENTIENDO, no he dicho que no respete, que no tolere, que desprecie, que rechace.... 'No entiendo' significa 'no entiendo', ni más ni menos.

Con independencia de si yo estoy a favor o en contra de la legalización de la maternidad subrogada o de la maternidad subrogada en sí, de momento las argumentaciones que he leído y oído que se oponen a ella y a su legalización, en mi opinión, equivalen a:
-oponerse al uso del coche porque hay quien conduce borracho; 
-oponerse a la legalización de la prostitución porque existe el tráfico de mujeres; 
-oponerse a la donación de órganos porque hay un mercado negro;
-oponerse a la regulación de la posesión de armas porque algunos chiflados se lían a tiros;
-oponerse a la acogida de inmigrantes porque hay mafias;
-oponerse al matrimonio internacional (¿se le llama así?) porque hay bodas con contrato;
-oponerse a Internet porque hay ciberdelincuencia;
-oponerse a la venta de alcohol porque hay quien rellena las botellas con garrafón; 
-oponerse al uso del tren porque hay quien se cuela;
-oponerse a la fabricación de zapatillas porque existe un mercado de las falsifiaciones...
y así podría seguir hasta el infinito y más allá.
Es decir, todavía no he dado con ningún argumento en contra de la legalización de la maternidad subrogada ni de ella misma ni de las dos cosas que no se fundamente en los problemas que, precisamente, se pretende evitar con esa legalización.
Hasta aquí.

 Y ahora otro poco de otra cosa: 
Me parece muy importante este matiz: una cosa es estar en contra de
algo y otra es estar en contra de su legalización y regulación. Yo odio el fútbol pero no lo ilegalizaría. En cambio, los radicales y los autoritarios no distinguen. Y me da a mí que
este es el quid de esta cuestión, la de la maternidad subrogada, y de otras muchas.

* * *

Y ahora el documento gráfico que faltó en la entrada anterior:




He probado la La Malquerida y he constatado dos cosas:
1ª Sí, es roja sensual. 2ª Sí, es Damm. Al fondo, el Mediterráneo.